No recuerdo cuántos burócratas tiene el gobierno del estado, pero me queda claro que son muchos y que el salario de cada trabajador forma parte del ingreso familiar. Ante la crisis de liquidez los expertos financieros de esta autoridad tomaron la decisión de otorgar vacaciones sin goce de sueldo a los burócratas, una medida que afectará al trabajador y también a sus dependientes.
Las vacaciones forzadas debilitan la economía familiar pero también el estado de ánimo. El comportamiento de la clase política desconcierta por los contrastes. Por un lado ofrece un ambiente de calidez laboral y, en el mismo nivel de gobierno, se amenaza con correr a los trabajadores que no acepten la medida.
La sangría económica no es lo único. También es la sensación de que no se agotaron otras opciones; preocupa que la afectación no parezca tener destino claro y que la forma de imponer la medida sea un exceso de autoridad. Dejo los huecos legales a los abogados laboristas.
La medida parece inevitable y genera incertidumbre porque si no cumple con la meta esperada, lo que sigue es la reducción de la planta productiva. El argumento para proteger la planta laboral es fuerte, pero la forma de hacerlo deja muchas dudas.
Si crece la incertidumbre laboral puede dar lugar a al efecto de bola de nieve. Puede convertirse en un ejemplo para otras empresas y se agregaría como un valor negativo al pesimismo generado por la inseguridad pública y la pérdida del poder adquisitivo; incrementaría la desconfianza ya existente con clase política y generaría enojo; reduciría el compromiso laboral y por tanto la productividad. Nadie quiere vivir en una sociedad así.
El problema de fondo no es la falta de solidaridad con una causa. Suspender parcialmente el trabajo para garantizar permanencia laboral no parece del todo malo. El inconveniente radica en que la medida es unilateral, no garantiza el final del problema, pone en claro la fragilidad del sindicalismo, y además parece el principio de algo peor.
Alentar incertidumbres no es gobernar. Congeniemos con Enrique Tierno Galván cuando dice que El poder es como un explosivo: o se maneja con cuidado, o estalla.
viernes 21 de agosto de 2009
jueves 6 de agosto de 2009
Peter Greenaway en Guanajuato.
En días pasados la ciudad de Guanajuato fue la sede de Festival de cine Expresión en corto. Asistí por con la curiosidad de conocer al cineasta Galés Peter Greenaway, admirador de Bergman y Pasolini, creador de la única película que he visto de él conocida en español como El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante.
Me interesaba sobre todo ver y escuchar al hombre que más ha insistido en que el cine se debe reinventar. Esta obsesión por ver de otro modo lo mismo me inquietaba porque en mi condición de aficionado neófito del séptimo arte apenas aprendo y me emociono con el abc del principiante, cuando este señor me sale con que el cine debe transformarse de forma radical. Yo tenía que ver y tenía que escuchar las razones para desmoronar esa tradición tan cercana a todos.
El común denominador de esta experiencia fue la sorpresa. La primera fue casi obvia. El célebre director de El contrato del dibujante, El vientre del arquitecto y Los libros de próspero., cobraba 300 pesos por ver un VJ Perfomance con la película Las maletas de Tulse Luper. Este trago amargo perdió algo de su efecto cuando vi el escenario. Era una terraza aledaña a la Alhóndiga de Granaditas con una zona VIP y seis pantallas dispuestas en forma de medio círculo. El espectáculo era muy citadino y de primer mundo.
Pero nada es perfecto. Luego de una larga espera en la fila de estudiantes de cine, mujeres extravagantes y extranjeros solamente pudimos entrar a la zona popular con cerveza aderezada con hielos. El vino tinto, los quesos y canapés, el wisky y el cognac se quedaron en la zona de privilegio exclusiva para actores, conferencistas y la burocracia organizadora de estos casos.
Seguramente había más de algún influyente. El sello distintivo de la VIP era el glamour de la seda, el algodón y el lino en los cuellos de asistentes. No estoy acostumbrado a ver esto. La división descrita no existe en los congresos de Antropología, Historia y Sociología.
El momento estelar empezó con la llegada del director homenajeado en el Festival como un All Star. Rodeado de jóvenes que trataban de burlar el cordón de seguridad para verlo de cerca y tocarlo y, si se pudiera para arrancarle un autógrafo. En el sonido local una mujer pidió al público que se acercara a una pequeña plataforma central en la que estaban dos computadoras que Peter Greenaway manipularía durante en exhibición. La presentadora decía: acérquense más, a Peter le gusta que el público este cerca y que participe.
Un poco antes de iniciar el espectáculo, ya en la comodidad de mi asiento pedrusco, las pantallas se iluminaron al mismo tiempo que una música fuerte y estupefacta apareció en escena. Luego el Director subió al escenario entre aplausos. Hablo para decir que íbamos a ver una experiencia nueva y extraordinaria. Para entonces mee acomodé lo mejor que pude y empecé a ver como en las 6 pantallas cruzaba el título de la película con el fondo musical del estrés.
Empezó la exhibición. Las seis pantallas alternaban al mismo tiempo la primera, la segunda y la tercera toma. La primera imagen se repetía de forma caso obsesiva y la segunda pasaba de verse en una sola pantalla a dos y luego a tres. La tercera iniciaba con una imagen nueva mientras que la primera solamente quedaba en una pantalla. Esto se repitió durante una hora y más de 90 imágenes que contaban una historia sobre un coleccionista de maletas.
Mientras tanto Peter Greenaway manipulaba desde una computadora táctil el orden y la velocidad de las imágenes, y la música con buena calidad técnica parecía crecer de volumen sin perder el sentido y la intensidad terrorífica.
Terminé helado por el frío de la madrugada y por la experiencia. El ejemplo de reinvención del cine aun no lo digiero. El número de pantallas me confundió. La música me distrajo y me hizo enojar. Mi primera evaluación fue categórica. No vuelvo. Me quedo con el cine a la antiguita.
Ya más calmado debo hacer algunas concesiones relacionadas con la idea de que una actividad permanece cuando cambia. Tal vez soy difícil para alternar con el futuro anticipado. No sé. Les debo una futura reflexión sobre el tema.
Lo único claro es que Guanajuato con el cine en la calle al final de la función seguía con ese aire de gran ciudad.
Me interesaba sobre todo ver y escuchar al hombre que más ha insistido en que el cine se debe reinventar. Esta obsesión por ver de otro modo lo mismo me inquietaba porque en mi condición de aficionado neófito del séptimo arte apenas aprendo y me emociono con el abc del principiante, cuando este señor me sale con que el cine debe transformarse de forma radical. Yo tenía que ver y tenía que escuchar las razones para desmoronar esa tradición tan cercana a todos.
El común denominador de esta experiencia fue la sorpresa. La primera fue casi obvia. El célebre director de El contrato del dibujante, El vientre del arquitecto y Los libros de próspero., cobraba 300 pesos por ver un VJ Perfomance con la película Las maletas de Tulse Luper. Este trago amargo perdió algo de su efecto cuando vi el escenario. Era una terraza aledaña a la Alhóndiga de Granaditas con una zona VIP y seis pantallas dispuestas en forma de medio círculo. El espectáculo era muy citadino y de primer mundo.
Pero nada es perfecto. Luego de una larga espera en la fila de estudiantes de cine, mujeres extravagantes y extranjeros solamente pudimos entrar a la zona popular con cerveza aderezada con hielos. El vino tinto, los quesos y canapés, el wisky y el cognac se quedaron en la zona de privilegio exclusiva para actores, conferencistas y la burocracia organizadora de estos casos.
Seguramente había más de algún influyente. El sello distintivo de la VIP era el glamour de la seda, el algodón y el lino en los cuellos de asistentes. No estoy acostumbrado a ver esto. La división descrita no existe en los congresos de Antropología, Historia y Sociología.
El momento estelar empezó con la llegada del director homenajeado en el Festival como un All Star. Rodeado de jóvenes que trataban de burlar el cordón de seguridad para verlo de cerca y tocarlo y, si se pudiera para arrancarle un autógrafo. En el sonido local una mujer pidió al público que se acercara a una pequeña plataforma central en la que estaban dos computadoras que Peter Greenaway manipularía durante en exhibición. La presentadora decía: acérquense más, a Peter le gusta que el público este cerca y que participe.
Un poco antes de iniciar el espectáculo, ya en la comodidad de mi asiento pedrusco, las pantallas se iluminaron al mismo tiempo que una música fuerte y estupefacta apareció en escena. Luego el Director subió al escenario entre aplausos. Hablo para decir que íbamos a ver una experiencia nueva y extraordinaria. Para entonces mee acomodé lo mejor que pude y empecé a ver como en las 6 pantallas cruzaba el título de la película con el fondo musical del estrés.
Empezó la exhibición. Las seis pantallas alternaban al mismo tiempo la primera, la segunda y la tercera toma. La primera imagen se repetía de forma caso obsesiva y la segunda pasaba de verse en una sola pantalla a dos y luego a tres. La tercera iniciaba con una imagen nueva mientras que la primera solamente quedaba en una pantalla. Esto se repitió durante una hora y más de 90 imágenes que contaban una historia sobre un coleccionista de maletas.
Mientras tanto Peter Greenaway manipulaba desde una computadora táctil el orden y la velocidad de las imágenes, y la música con buena calidad técnica parecía crecer de volumen sin perder el sentido y la intensidad terrorífica.
Terminé helado por el frío de la madrugada y por la experiencia. El ejemplo de reinvención del cine aun no lo digiero. El número de pantallas me confundió. La música me distrajo y me hizo enojar. Mi primera evaluación fue categórica. No vuelvo. Me quedo con el cine a la antiguita.
Ya más calmado debo hacer algunas concesiones relacionadas con la idea de que una actividad permanece cuando cambia. Tal vez soy difícil para alternar con el futuro anticipado. No sé. Les debo una futura reflexión sobre el tema.
Lo único claro es que Guanajuato con el cine en la calle al final de la función seguía con ese aire de gran ciudad.
martes 9 de junio de 2009
Reinventando la Identidad
En octubre de 2008 se llevó a cabo un coloquio académico denominado Identidad Aguascalentense pasado y presente. El libro que ahora se entrega es una prueba de que el tema de la identidad empieza a salir del ámbito privado y circunstancial para ingresar al de la mirada sistemática y también al de la discusión pública. Hablar de identidad es algo complicado porque revela el alma de una comunidad, un rasgo que forma parte de las variaciones del espíritu humano al que José Ortega y Gasset llamaba sensibilidad vital.
En el libro Identidad es se pueden encontrar ideas y opiniones sobre los que piensan los aguascalentenses de sí mismos y lo que los otros perciben de nuestro carácter. Las colaboraciones que integran el texto se reúnen en cuatro apartados.
El primero se denomina Retrospectiva e incluye un texto de Gerardo Martínez en el que revisa las máscaras que hemos usado en Aguascalientes para simular identidad y dar cuenta de que esta realidad forjada por años, cierta o falsa, ha perdido vigencia en nuestros días.
En la misma Retrospectiva Martha Lilia Sandoval muestra la lectura que hace un viajero del Aguascalientes de la primera mitad del siglo XX. En la entrega ofrece detalles del español hablado en la ciudad, formas verbales que combinan la matriz hispánica con los dichos de la cultura popular que presuntamente nos heredaron un carácter irónico y satírico. En el apartado de inicio hay una divagación elaborada por el que habla en este momento en la que se mencionan los nexos entre el mito fundacional, los datos de la historia objetiva y la sensibilidad que hemos acumulado por siglos sobre la relevancia del agua, la paz social y el sentimiento de pertenencia cultural.
El segundo apartado se llama Miradas de la otredad y en él se reúnen los textos de Silvia Benard, María Esthela Esquivel Reyna, Rebeca Padilla de la Torre y Felipe Reyes Romo. El denominador común de estas aportaciones ve a los aguascalentenses desde la óptica de los migrantes procedentes del Distrito Federal y otros lugares de la república, incluye la mirada de los japoneses radicados en esta ciudad, y también incluye reflexiones desde la perspectiva de los aguascalentenses que han emigrado a los Estados Unidos. Con esta mirada se integra en un solo cuerpo lo que creemos de nosotros mismos con lo que otros, en su calidad de extranjeros o migrantes, perciben de nuestro carácter.
Al tercer apartado se le denominó Pasado inmediato. En este lugar María Eugenia Patiño escudriña la identidad aguascalentense que se revela en la Romería de la Asunción; Carlos Reyes por su parte describe las barreras que tuvieron que enfrentar los comunistas en este infierno de gente buena; Luciano Ramírez observa la misma realidad aunque desde la perspectiva de un monumento cívico, y Jesús Aguilar muestra, a través de una encuesta hecha en hogares, los detalles de la cultura política de los jóvenes de Aguascalientes.
El apartado final paradójicamente se titula En el Porvenir. En este lugar Enrique Rodríguez Varela advierte sobre el futuro de una cultural local que se ha visto sacudida y cuestionada por la modernización reciente. Cierra el apartado el doctor Genaro Zalpa reconociendo que en algún momento los aguascalentenses formamos una comunidad cultural homogénea basada en la tradición católica, el valor de la palabra dada, el del trabajo y el del recurso lingüístico de los dichos que proceden de lo que el profesor Zalpa llama el alteño blanco. A juicio del investigador universitario dicha homogeneidad se ha perdido y concluye que esto no es una fatalidad, sino la oportunidad para construir una moral pública diferente con raíces heterogéneas que puedan alternar sobre la base de un acuerdo razonable.
Dada la amplia cantidad de colaboraciones no es posible hacer comentarios extensos y puntuales de todo lo escrito. Por tal razón hago hincapié en tres detalles que me parecen sobresalientes.
Lo primero que llamó mi atención fue la necesidad enfrentar las apologías con las verdades, de colocar en su lugar nuestra identidad aguascalentense restando exageraciones y poniendo en valor los méritos más notables de la sociedad en que habitamos. Esta óptica pasó del elogio a la autocrítica y permite aceptar, sin conceder, las verdades que socialmente adoptamos sin cuestionar o verificar su validez, como el Aguascalientes romántico de los cuatro barrios, el de la Feria de México, la bonhomía de nuestro carácter y, claro esta, la nitidez del agua y de nuestro cielo.
Lo primero que llamó mi atención fue la necesidad enfrentar las apologías con las verdades, de colocar en su lugar nuestra identidad aguascalentense restando exageraciones y poniendo en valor los méritos más notables de la sociedad en que habitamos. Esta óptica pasó del elogio a la autocrítica y permite aceptar, sin conceder, las verdades que socialmente adoptamos sin cuestionar o verificar su validez, como el Aguascalientes romántico de los cuatro barrios, el de la Feria de México, la bonhomía de nuestro carácter y, claro esta, la nitidez del agua y de nuestro cielo.
Todo esto se pude aceptar a cambio de reconocer que formamos parte de una sociedad en la que también existen hidrocálidos improductivos, corruptos, socialmente pasivos y agresores de la naturaleza. En el mismo sentido veo la necesidad de elaborar nuevos conceptos para determinar qué significa culturalmente agregar a los románticos 4 barrios la existencia real, a veces lacerante e inevitable, de más de 400 colonias solo en el municipio de Aguascalientes.
Estamos en un punto en el que no somos lo que pensamos, ni pensamos todo lo que somos. Nuestras interpretaciones no han pasado por la racionalidad de las observaciones y ahora que el municipio lo hace al publicar Identidad es, pone en evidencia verdades difíciles de aceptar y nos revela un lado oscuro que si bien no es monopolio exclusivo de esta región del mundo, sí lo es que vivimos con esa carga moral y la compartimos sin admitir su presencia o al menos sin aceptar su relevancia. Somos más de lo que pensamos y menos de lo que hemos idealizado y esto exige más y más reflexiones.
En segundo lugar, el coloquio de Identidad Aguascalentense pasado y presente me recordó que las cosas y personas que percibimos como malas no provienen sólo de los migrantes y en consecuencia, que todo lo malo que nos pasa no existe sólo por culpa de los de afuera. Esta perfectamente documentado que muchos de los foráneos, nacionales y extranjeros que han decidido quedarse a vivir en nuestro estado, contrario a lo que se piensa, han contribuido desde hace siglos al desarrollo económico, político y social de Aguascalientes y que lo han hecho de muchas y diversas maneras.
El Coloquio reunió académicos que viven en Aguascalientes y nos permitió ver que el problema que muchas veces atribuíamos a los migrantes ha sido por mucho tiempo una característica de los nativos, es decir, nos dimos cuenta que el mal que atribuíamos a los extraños ya existía entre nosotros cotidianamente de tal suerte que todavía hoy existen muchos aguascalentenses con acta de nacimiento legítima que ensucian las calles, desperdician el agua, que son intolerantes con lo ajeno y que aceptan la corrupción como algo natural o al menos inevitable, hidrocálidos que no honran para nada la auto percepción positiva de nuestra identidad.
También fue notable encontrar que en muchas ciudades de México pasa lo mismo. El ejemplo más cercano lo tenemos con el Distrito Federal, un lugar en el que muchos habitantes suponen que la ciudad se ha pervertido no por ellos, sino por la llegada masiva de gente mala de otros lugares. Esto nos advierte una verdad o al menos una tendencia. Las sociedades se inclinan a rechazar como propio aquello que las desprestigia porque es más fácil culpar al extraño que admitir el vértigo de una responsabilidad que afecta la autoestima.
En tercer lugar, el Coloquio Identidad Aguascalentense pasado y presente a varios nos dio la pauta para entender que la identidad hidrocálida no es homogénea, única e irrepetible. Caímos en la cuenta de que el crecimiento poblacional y la concentración urbana nos imponen la necesidad de hablar de Identidades en plural.
Llegado a este punto qué significa tener identidad aquí y ahora? Por lo pronto indica que los puntos de vista y las visiones del mundo de los Aguascalentenses se han diversificado. Quiere decir que nuestro ser hidrocálido se constituye ya, de una materia hecha de varios orígenes que deben alternar, que de hecho desde hace mucho conviven, se fusionan e inclusive que a veces tienen roces entre sí.
Lo que significa la pluralidad de ahora es que impone una convivencia más tolerante, más incluyente, una identidad donde la coexistencia horizontal se convierta en una sensibilidad vital nueva que incremente la sinergia social.
Todo esto quiere decir que en este lugar que nos tocó vivir caben por igual los hidrocálidos de origen, los chilangos, los norteños, los norteamericanos, españoles y los migrantes del oriente, en fin cabe gente de todo el mundo. En este territorio se pueden reunir en un sólo proyecto todas las clases sociales, todas las preferencias sexuales, todas las religiones y también todas las ideologías, las conservadoras y las progresistas.
Finalmente los resultados de este coloquio ayudaron a despertar sueños y también a criticar abiertamente los lastres que nos acechan. El intento por saber quiénes somos y quiénes queremos ser es una ventana estratégica para saber a ciencia cierta qué economía necesitamos, qué gobiernos y que sociedad civil requerimos; saber quiénes somos y quiénes queremos ser ofrece espacios de claridad para determinar qué lugar deben ocupar en nuestras prioridades la educación y la cultura, la vida y la muerte, la naturaleza y la tecnología, el conocimiento y la ignorancia.
Un gobierno y una sociedad que se preguntan quiénes somos y quiénes queremos ser nos hablan de un indicador de calidad estratégico de la planeación y el desarrollo, un criterio que, por cierto, han olvidado las empresas certificadoras de calidad que tanto abundan en nuestro medio.
Palabras finales
Palabras finales
El libro que ahora se presenta es resultado de un trabajo colectivo y por ello aprovecho para agradecer a los maestros e investigadores que aceptaron formar parte de esta tarea. Merecen un comentario semejante Mónica Santillán por el diseño editorial y Fernando Franco por la colaboración fotográfica. Me queda claro que la coincidencia temática que descubrimos nos hizo pensar que la Identidad aguascalentense, que las identidades aguascalentenses todavía requieren de muchos esfuerzos de investigación empírica y de mayor reflexión analítica.
Las conclusiones de El Coloquio sugieren la reinvención de nuestra identidad para llegar a metas simples como la que menciona el presidente municipal de Aguascalientes en la presentación del libro, cuando manifiesta el deseo de hacer que la ciudad y sus habitantes se reinventen para vivir en paz y con decoro.
Ojala que el municipio de Aguascalientes y el Instituto Municipal Aguascalentense para la Cultura se distingan por alentar la publicación de más libros como prueba indiscutida de que, más allá de las apologías, lo que hoy requerimos es la crítica permanente y sistemática, la crítica respetada y respetable, la crítica multiplicada exponencialmente. Quizá la idea fuerza que deba quedar grabada en nuestras mentes, después de leer las 13 colaboraciones que integran este libro, consista en admitir que no existe la pureza identitaria ya que, como dice el epílogo del libro, finalmente todos descendemos de encuentros migratorios.
Termino invitando a leer con cuidado el texto que nos entrega el Municipio de Aguascalientes a través del IMAC y a revisarlo con actitud crítica.
miércoles 3 de junio de 2009
Una ciudad para leer
¿Cuál es la mejor plaza o el mejor jardín para leer en Aguascalientes? A mí me gusta el Encino. Es un lugar que está poblado de silencio, con excepción de la calle lateral por donde circulan los camiones de transporte urbano. También me gustan algunos rincones del Tres Centurias muy cerca de la antigua estación de pasajeros. El rinconcito urbano que esta frente a San José tiene lo suyo. Nada como leer en un café solo de la calle Madero, o cuando hace calor acompañado de una cerveza en el callejón del codo. ¿Qué tiene que ver todo esto con el ambiente citadino y la calidad de su convivencia? ¿Para usted cuál es el mejor lugar público para leer?
Una de las formas para calificar la vida de una ciudad consiste en verificar qué lugar ocupa la biblioteca central en el ámbito urbano. Si al llegar por vez primera a una urbe citadina dicho recinto no es visible a simple vista el diagnóstico es claro: no hay aprecio por la lectura. Si, en contraste, se observa fácilmente y se nota su presencia arquitectónica distinguiéndose por el tamaño, la belleza y la funcionalidad, entonces hablamos de una ciudad de primer mundo..
Si complementariamente la lectura es uno de los hábitos más frecuentes de la mayoría ciudadana entonces estamos hablando de una ciudad competitiva en todos los sentidos. Si al caminar por la ciudad se observan lectores frecuentes en las plazas y jardines, en el sistema de transporte público, en las antesalas ordinarias de las oficinas de gobierno y en los bares y restaurantes de la ciudad, entonces hablamos de una ciudad de vanguardia.
Si en lugar de lo anterior formamos parte de las estadísticas nacionales que indican 13% de la población nunca ha leído un libro, que el 40% nunca ha estado en una librería, que el 40% no lee periódicos y que solamente leen las personas en edad escolar, es decir por obligación, hablamos entonces de una sociedad y de una ciudad sin alma.
Si no leemos es porque no queremos. Los libros sobran. Hay suficientes bibliotecas. Si hay instituciones y programas intensos de lectura los lectores se multiplican. Si hay padres y madres lectores normalmente también habrá hijos lectores Si se incrementa el número de adictos a la lectura la ciudad ampliaría las posibilidades de ser de una ciudad planamente moderna. Leer mucho y leer bien estimularía el aprecio por la vida y por las artes. Estimularía la imaginación y capacidad creativa para resolver con inteligencia los problemas cotidianos, y también los extraordinarios.
Leer mucho y leer cosas de calidad seguramente impulsaría la existencia de una mejor sociedad civil y de una sociedad política más trascendente. Una sociedad fuerte lee mucho y bueno. Leer no evitará las crisis pero si nos prepara para enfrentarlas con más optimismo, o con más pesimismo informado. Sugiero leer de inmediato de Mario Vargas Llosa El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti. Alfaguara 2008.
Una de las formas para calificar la vida de una ciudad consiste en verificar qué lugar ocupa la biblioteca central en el ámbito urbano. Si al llegar por vez primera a una urbe citadina dicho recinto no es visible a simple vista el diagnóstico es claro: no hay aprecio por la lectura. Si, en contraste, se observa fácilmente y se nota su presencia arquitectónica distinguiéndose por el tamaño, la belleza y la funcionalidad, entonces hablamos de una ciudad de primer mundo..
Si complementariamente la lectura es uno de los hábitos más frecuentes de la mayoría ciudadana entonces estamos hablando de una ciudad competitiva en todos los sentidos. Si al caminar por la ciudad se observan lectores frecuentes en las plazas y jardines, en el sistema de transporte público, en las antesalas ordinarias de las oficinas de gobierno y en los bares y restaurantes de la ciudad, entonces hablamos de una ciudad de vanguardia.
Si en lugar de lo anterior formamos parte de las estadísticas nacionales que indican 13% de la población nunca ha leído un libro, que el 40% nunca ha estado en una librería, que el 40% no lee periódicos y que solamente leen las personas en edad escolar, es decir por obligación, hablamos entonces de una sociedad y de una ciudad sin alma.
Si no leemos es porque no queremos. Los libros sobran. Hay suficientes bibliotecas. Si hay instituciones y programas intensos de lectura los lectores se multiplican. Si hay padres y madres lectores normalmente también habrá hijos lectores Si se incrementa el número de adictos a la lectura la ciudad ampliaría las posibilidades de ser de una ciudad planamente moderna. Leer mucho y leer bien estimularía el aprecio por la vida y por las artes. Estimularía la imaginación y capacidad creativa para resolver con inteligencia los problemas cotidianos, y también los extraordinarios.
Leer mucho y leer cosas de calidad seguramente impulsaría la existencia de una mejor sociedad civil y de una sociedad política más trascendente. Una sociedad fuerte lee mucho y bueno. Leer no evitará las crisis pero si nos prepara para enfrentarlas con más optimismo, o con más pesimismo informado. Sugiero leer de inmediato de Mario Vargas Llosa El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti. Alfaguara 2008.
Ciudad para distraidos
El Manual del distraído de nada serviría en una ciudad bien comunicada. Los sistemas de señalización han evolucionado tanto, que en la vida cotidiana de los entornos urbanos contemporáneos de hoy no existen excusas para extraviarse, al menos no por mucho tiempo. Los símbolos de ubicación ya son mundialmente conocidos y para ubicarse solamente basta con saber leer.
Pese a lo anterior en Aguascalientes aun requiere de una infraestructura urbana que nos haga fácil a propios y extraños la llegada a un destino predeterminado. Los anuncios más evidentes casi siempre son para los automovilistas y se refieren a lugares por demás conocidos. Me refiero al las instalaciones de la Feria Nacional de San Marcos, al estadio Victoria y los señalamientos que indican la salida a México o al estado de Zacatecas.
Los esfuerzos mencionados con anterioridad y otros de iguales características son importantes aunque fala mencionar casos que requieren de especial atención. Falta por ejemplo indicar rutas visibles y claras sobre la llegada a los barrios tradicionales, se requieren señales fáciles de leer para acceder a los museos más importantes de la ciudad, o para efectuar a pie una ruta turística sobre esculturas urbanas de ayer y hoy, o una más que indique las principales construcciones religiosas y civiles del arquitecto Refugio Reyes.
La meta no consiste en volver barroca la imagen urbana con señalamientos por todos lados. Se trata simplemente de hacer que la ciudad tenga un sistema de comunicación que permita llegar a cualquiera de los puntos cardinales con un simple ejercicio visual que sirva tanto para automovilistas como para peatones. Ya no somos una Villa. Vivimos en una ciudad y los señalamientos deben ser claros, sencillos y abundantes. Atender este principio de orden, convertirá a esta ciudad en un paraíso para los distraídos.
Pese a lo anterior en Aguascalientes aun requiere de una infraestructura urbana que nos haga fácil a propios y extraños la llegada a un destino predeterminado. Los anuncios más evidentes casi siempre son para los automovilistas y se refieren a lugares por demás conocidos. Me refiero al las instalaciones de la Feria Nacional de San Marcos, al estadio Victoria y los señalamientos que indican la salida a México o al estado de Zacatecas.
Los esfuerzos mencionados con anterioridad y otros de iguales características son importantes aunque fala mencionar casos que requieren de especial atención. Falta por ejemplo indicar rutas visibles y claras sobre la llegada a los barrios tradicionales, se requieren señales fáciles de leer para acceder a los museos más importantes de la ciudad, o para efectuar a pie una ruta turística sobre esculturas urbanas de ayer y hoy, o una más que indique las principales construcciones religiosas y civiles del arquitecto Refugio Reyes.
La meta no consiste en volver barroca la imagen urbana con señalamientos por todos lados. Se trata simplemente de hacer que la ciudad tenga un sistema de comunicación que permita llegar a cualquiera de los puntos cardinales con un simple ejercicio visual que sirva tanto para automovilistas como para peatones. Ya no somos una Villa. Vivimos en una ciudad y los señalamientos deben ser claros, sencillos y abundantes. Atender este principio de orden, convertirá a esta ciudad en un paraíso para los distraídos.
Benedetti
En Aguascalientes es fácil recordar con agrado a Mario Benedetti. Al menos de mi parte tengo tres anclajes que son imposibles de olvidar. Los digo con el orden que mi cansada memoria lo permite. El primero es un concierto de Nacha Guevara en el Teatro Morelos acompañada al piano por Alberto Favero, en una noche en que la voz aguda de la argentina cantaba Te quiero y donde se volvió estelar un coro espontáneo que interpretado parecía decir:
Te quiero en mi pa ra íso, es decir, que en mi país la gente viva feliz, aunque no tenga permiso. Si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos. Y en la calle codo a coodooo. Somos muuuuuucho más queee dooooooos.
Definir el significado de ese momento es complicado. Era un instante en que se combinaban emociones que unían vidas interiores por una letra y una música que se volvían himno, batalla y gloria. No sé cómo y por qué se lograba esta química, pero así lo sentía yo, y así lo veía en la mirada y en los gestos de quienes participaban en el coro. Me imaginaba la figura y el ánimo de una represión liberada, una marea colectiva, un imán de voces y deseos.
El segundo punto de contacto fue en los años setenta, cuando se reunieron la juventud y una sociedad ansiosa de utopías. Eran los años universitarios que en cada bohemia entonábamos Te quiero con los amigos de entonces, sabiendo que Benedetti era el autor de esa letra. La hacíamos una y otra vez porque era placentero y porque ese gusto venía de una comunidad vinculada con el amor romántico, el compromiso político y el amor a la patria sin guerra. A la patria justa.
Benedetti era el símbolo literario del amor romántico que guardaba un lugar especial para el exilio y una puerta clara y precisa del mundo político que debería existir, un mundo de pasiones libertarias que si bien no se encontraban en el marco de una sociedad militarizada, sí revelaban la búsqueda de sueños en voz alta.
Finalmente el tercer lazo de contacto fueron los libros de poesía, cuento y novela. Aquí desfilaron La tregua, Gracias por el fuego, Primavera con una esquina rota y cuentos cortos como Con y sin nostalgia sin olvidar, claro está, libros de poesía como el de Inventario. Toda esta producción era una oportunidad para encontrar las palabras imposibles, las frases inalcanzables que un mortal quiere decir al ser amado de una forma directa, metafórica y encantadora. Era un arte popular que se integraba al recuerdo fácil de personajes como Laura Avellaneda y Martín Santomé. Por todo ello y porque Benedetti se ha ido quién sabe adónde me agrego al recuerdo de muchos mexicanos y aguascalentenses que lamentamos su muerte.
Saludo al Benedetti de Táctica y estrategia, al de Asunción de ti; al poeta de entre siempre y jamás y Hagamos un trato. A este tratadista de suspiros lo veo, con sus propias palabras, como se adentra en la niebla y empiezo a recordarlo.
Te quiero en mi pa ra íso, es decir, que en mi país la gente viva feliz, aunque no tenga permiso. Si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos. Y en la calle codo a coodooo. Somos muuuuuucho más queee dooooooos.
Definir el significado de ese momento es complicado. Era un instante en que se combinaban emociones que unían vidas interiores por una letra y una música que se volvían himno, batalla y gloria. No sé cómo y por qué se lograba esta química, pero así lo sentía yo, y así lo veía en la mirada y en los gestos de quienes participaban en el coro. Me imaginaba la figura y el ánimo de una represión liberada, una marea colectiva, un imán de voces y deseos.
El segundo punto de contacto fue en los años setenta, cuando se reunieron la juventud y una sociedad ansiosa de utopías. Eran los años universitarios que en cada bohemia entonábamos Te quiero con los amigos de entonces, sabiendo que Benedetti era el autor de esa letra. La hacíamos una y otra vez porque era placentero y porque ese gusto venía de una comunidad vinculada con el amor romántico, el compromiso político y el amor a la patria sin guerra. A la patria justa.
Benedetti era el símbolo literario del amor romántico que guardaba un lugar especial para el exilio y una puerta clara y precisa del mundo político que debería existir, un mundo de pasiones libertarias que si bien no se encontraban en el marco de una sociedad militarizada, sí revelaban la búsqueda de sueños en voz alta.
Finalmente el tercer lazo de contacto fueron los libros de poesía, cuento y novela. Aquí desfilaron La tregua, Gracias por el fuego, Primavera con una esquina rota y cuentos cortos como Con y sin nostalgia sin olvidar, claro está, libros de poesía como el de Inventario. Toda esta producción era una oportunidad para encontrar las palabras imposibles, las frases inalcanzables que un mortal quiere decir al ser amado de una forma directa, metafórica y encantadora. Era un arte popular que se integraba al recuerdo fácil de personajes como Laura Avellaneda y Martín Santomé. Por todo ello y porque Benedetti se ha ido quién sabe adónde me agrego al recuerdo de muchos mexicanos y aguascalentenses que lamentamos su muerte.
Saludo al Benedetti de Táctica y estrategia, al de Asunción de ti; al poeta de entre siempre y jamás y Hagamos un trato. A este tratadista de suspiros lo veo, con sus propias palabras, como se adentra en la niebla y empiezo a recordarlo.
Las bicicletas y la ciudad
Según la enciclopedia electrónica la bicicleta es un vehículo de dos ruedas, que suelen ser ambas del mismo tamaño y dispuestas en línea. Sirve para el transporte, gracias a la fuerza que se ejerce sobre los pedales, se transmite al piñón en la rueda trasera a través de una cadena de eslabones planos y así se produce el movimiento de las ruedas.
Introducida en el siglo XIX en Europa y un siglo después ha dado lugar a la existencia de 800 millones de bicicletas en el mundo bien como medio de transporte principal, bien como vehículo de ocio. Para Aguascalientes la historia de este medio de transporte se ubica en el siglo XX y ha pasado de ser un medio de transporte generalizado hasta los años ochenta, a simple objeto de ocio y recreación.
En el diagnóstico elemental que hago de memoria me queda claro que el automóvil le ganó la carrera a la bici y la consecuencia lógica de esta derrota fue la significativa reducción de piezas circulando por la ciudad y la obtención de un estigma negativo que supone que lo mejor es tener auto y lo peor transportarse en bici. Tener auto es tener éxito. Tener bici es de pobres y sin ambiciones.
Ahora que tener auto es algo muy común y que la ciudad vive caos cotidiano de circulación vehicular y que enfrenta problemas de obesidad, nuevamente se impone la idea de recuperar el uso de la bicicleta como medio de transporte. A esta tarea se han integrado varios grupos organizados y la propia presidencia municipal con la idea de crear ciclopistas.
En definitiva la bici ya es un objeto con historia y de una utilidad social innegable. Supone poco peligro para otros ciudadanos. Favorece la salud de quien lo practica. Reduce enfermedades cardiacas, algunos cánceres y reduce índices de obesidad. Es barato en comparación con cualquier otro transporte público o privado; ahorra gastos de manutención de un auto. Reduce síntomas de la depresión y permite disfrutar de una mayor productividad en los trabajos. Promueve el civismo. No produce ningún tipo de contaminación atmosférica. En ciudades congestionadas y para distancias de hasta 6 km, la bici es el medio de transporte más rápido.
¿Tendrá éxito esta iniciativa? No lo sé. Sueño con que así sea aunque imagino que no será fácil. Hacer la ciclopista es un detalle técnico que se resuelve con dinero y voluntad política. Más difícil será persuadir a la ciudadanía para que responda a esta iniciativa porque eso significa reconstruir una tradición para ganar modernidad cuando en nuestra historia inmediata hemos sido educados para entender que la modernidad se construye sobre los escombros de la tradición.
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