lunes, 8 de diciembre de 2008

La calle Zaragoza y el remate de un nuevo San Antonio



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Según Encarta, Duende proviene de duen de casa, dueño de la casa. Espíritu fantástico del que se dice que habita en algunos inmuebles y que travesea, causando en ellas trastorno y estruendo. Aparece con figura de viejo o de niño en las narraciones tradicionales. Encanto misterioso e inefable. Hay duendes del cante flamenco. Los duendes aparecen en los lugares donde no se le esperaba. Tener duende es tener encanto y traer en la imaginación algo que inquieta. Sin excluir lo demás prefiero dueño de la casa, de la Casa colectiva. De la ciudad que nos pertenece.

La Calle Zaragoza adquiere nueva jerarquía urbana. Lo bueno. Pierde la red de cables de luz, cable, teléfono y los diablitos de costumbre. Es oportunidad para reconstruir las fachadas de algunos inmuebles que se encuentran entre Madero y Pedro Parga. Sitio de misterios por resolver por los restos de obra hidráulica encontrada durante las excavaciones que se hicieron a nivel de la calle. Lugar por donde Refugio Reyes caminó infinidad de veces para revisar avances de obra y el resultado final de su ingenio. Territorio desde el cual levantaremos la vista de otro modo para apreciar y, en su caso, criticar, lo que la ciudad nos tiene reservado como regalo de navidad. La remozada a la calle Zaragoza nos revelará pronto que no hace mucho se llamó calle de Los Olivos.

San Antonio y los 100 años que lo habitan también nos recuerdan la importancia de la religión, la estética que rara vez se observa desde los cuatro puntos cardinales. El momento en que quisieron transformar el templo en sede del Congreso local. La consumación de miles de matrimonios que sueñan con decir sí bajo la cuestionada solidez de la bóveda principal. Pero sobre todo me recuerda el momento del adiós titulo sin arquitecto, o aquella afirmación mas intensa que dijo el mismo alarife: las cosas, como las personas se sostienen aunque no veamos cómo. Zaragoza y el templo se integran en una sola entidad. Ahora el reto es saber cómo impedir que regresen de nuevo los cables y diablitos. Una forma es que el código urbano contemple sanciones y otra, igual de necesaria, que los residentes se apropien de la calle, sin que deje de ser un bien colectivo.

1 comentario:

  1. Hola Andrés. Felicidades por el blog. No dejes de actualizarlo.

    Saludos.

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