miércoles, 3 de junio de 2009

Una ciudad para leer

¿Cuál es la mejor plaza o el mejor jardín para leer en Aguascalientes? A mí me gusta el Encino. Es un lugar que está poblado de silencio, con excepción de la calle lateral por donde circulan los camiones de transporte urbano. También me gustan algunos rincones del Tres Centurias muy cerca de la antigua estación de pasajeros. El rinconcito urbano que esta frente a San José tiene lo suyo. Nada como leer en un café solo de la calle Madero, o cuando hace calor acompañado de una cerveza en el callejón del codo. ¿Qué tiene que ver todo esto con el ambiente citadino y la calidad de su convivencia? ¿Para usted cuál es el mejor lugar público para leer?

Una de las formas para calificar la vida de una ciudad consiste en verificar qué lugar ocupa la biblioteca central en el ámbito urbano. Si al llegar por vez primera a una urbe citadina dicho recinto no es visible a simple vista el diagnóstico es claro: no hay aprecio por la lectura. Si, en contraste, se observa fácilmente y se nota su presencia arquitectónica distinguiéndose por el tamaño, la belleza y la funcionalidad, entonces hablamos de una ciudad de primer mundo..

Si complementariamente la lectura es uno de los hábitos más frecuentes de la mayoría ciudadana entonces estamos hablando de una ciudad competitiva en todos los sentidos. Si al caminar por la ciudad se observan lectores frecuentes en las plazas y jardines, en el sistema de transporte público, en las antesalas ordinarias de las oficinas de gobierno y en los bares y restaurantes de la ciudad, entonces hablamos de una ciudad de vanguardia.

Si en lugar de lo anterior formamos parte de las estadísticas nacionales que indican 13% de la población nunca ha leído un libro, que el 40% nunca ha estado en una librería, que el 40% no lee periódicos y que solamente leen las personas en edad escolar, es decir por obligación, hablamos entonces de una sociedad y de una ciudad sin alma.

Si no leemos es porque no queremos. Los libros sobran. Hay suficientes bibliotecas. Si hay instituciones y programas intensos de lectura los lectores se multiplican. Si hay padres y madres lectores normalmente también habrá hijos lectores Si se incrementa el número de adictos a la lectura la ciudad ampliaría las posibilidades de ser de una ciudad planamente moderna. Leer mucho y leer bien estimularía el aprecio por la vida y por las artes. Estimularía la imaginación y capacidad creativa para resolver con inteligencia los problemas cotidianos, y también los extraordinarios.

Leer mucho y leer cosas de calidad seguramente impulsaría la existencia de una mejor sociedad civil y de una sociedad política más trascendente. Una sociedad fuerte lee mucho y bueno. Leer no evitará las crisis pero si nos prepara para enfrentarlas con más optimismo, o con más pesimismo informado. Sugiero leer de inmediato de Mario Vargas Llosa El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti. Alfaguara 2008.

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